martes, 4 de septiembre de 2012

Falacias, falsedades, argucias y quimeras


FALACIAS, FALSEDADES, ARGUCIAS Y QUIMERAS
“ Debemos regresar a la solidaridad, la equidad y la justicia social “.

            Pierre Rosauvallon

 La política y la sociedad venezolana del último decenio se han enrumbado por caminos diferentes a los trazados por quienes desde los albores del año 28, se propusieron entrar en el siglo XX a paso de avanzada, de transformación tecnológica, de respeto a la dignidad humana, pureza en la administración del erario nacional y convivencia fraterna entre los ciudadanos. Sus ideas, delineadas en aquellas azarosas jornadas de lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez y años más tarde contra el totalitarismo mezquino de Marcos Pérez Jiménez han sido traicionadas.
En las cárceles, abarrotadas de la más pura generación de intelectuales y políticos que ha producido nuestra nación, a través de la serenidad, la paciencia, la lectura, la conversación, el  plácido análisis de las acciones acometidas, de sus errores y equivocaciones y de las lentas horas del discurrir del tiempo, surgieron las nuevas ideas y los principios filosóficos que permitirían el establecimiento de un estado moderno al salir de las mazmorras que quisieron acallar el clamor de un pueblo sometido a la intemperancia personal del tirano.
La desviación ideológica sufrida por quienes ejercieron el poder, luego de salir de las gayolas, dando la espalda a sus principios filosóficos, sus costumbres hogareñas y su formación ciudadana, ha permitido que surja al amparo de un estado omnipotente una nueva clase social identificada plenamente con los más oscuros intereses del Estado, la corrupción, el peculado, el soborno, la desidia, la inercia, la negligencia, el hostigamiento, la desnaturalización de la gestión pública. Permitiendo que la improvisación, madre de todos nuestros vicios, nos estremezca en lo más profundo de nuestro esquema socio-político.
 
Contemplamos un país en crisis. La corrupción, el flagelo que más ha perjudicado a nuestra sociedad complaciente, palaciega, lisonjera; la inmoralidad y la desidia han resquebrajado la ética, la moral y las buenas costumbres. Presenciamos una nación donde prevalece la egolatría, la codicia, la mezquindad, la petulancia, la fatuidad, la vileza, la miseria humana, la ineptitud, la ineficiencia, nuestro facilismo priva sobre el interés nacional.
Evidenciamos un país lánguido, pútrido, estragado, incoherente, confuso, melancólico, mohíno, desorganizado, con un proceso educativo desfasado nacional e internacionalmente, con los mismos adalides causantes del caos y la desidia, los destructores de la sociedad, coronados por un pueblo que ha permitido con su voto, de espalda a la historia, la crisis económica de los ochenta, el despilfarro y ultraje a la nación de finales de la década; las asonadas militares de 1992, la incertidumbre política, económica, financiera y moral que nos ha conducido a  nueve años de infortunio, desasosiego y penuria. Antecedentes que exigen un gobierno que no sólo demuestre capacidad para elaborar buenos discursos, sino proyectos técnicos que permitan resolver problemas concretos del país.
El sistema político venezolano ha arribado al proceso de regresión más importante de la historia contemporánea, nuevamente nos encontramos en el umbral de la civilización, en Jurassic Park. Las ideas de nuestros políticos han ido involucionando, la clase política anquilosada someramente ha analizado la transformación y mutación del mundo moderno. Los líderes criollos aún debaten sobre subsidios a los productos primarios y terminados; sobre el control de cambio; sobre la gratuitidad de la educación terciaria y de los servicios médicos prestados en los hospitales públicos, sobre la autonomía universitaria mientras el pueblo fallece por depauperación.
La gallina de los huevos de oro se acaba y debemos prepararnos para ese futuro mediato que se nos avecina. Hagamos honor a nuestros principios y no nos dejemos arrastrar por la masa que navega en sentido contrario. Con firmeza, decisión y buena administración hagamos un estudio serio e interdisciplinario, sí sus resultados lo aconsejan, busquemos el debido consenso, tomemos y enfrentemos las medidas que sean necesarias, sin temores, sin represalias, aunque ellas nos cueste la victoria política. No seamos egoístas y mézquinos, no podemos seguir pensando en el partido sino en la nación, en su salud, en su seguridad, en su tranquilidad económica y pasaremos a la historia como la generación de hombres que permitieron conseguir la grandeza aún no alcanzada. Sólo el esfuerzo común nos permitirá superar la crisis que actualmente afrontamos.
Volver a la prehistoria no es el camino, debemos rectificar los errores cometidos, los políticos deben sincerarse con la población; la actividad político partidista debe contener un sentido más humano donde prevalezcan los principios de justicia social, respeto de los derechos humanos e impoluta administración de la hacienda pública, cuando ello ocurra Venezuela iniciará una nueva étapa de bienestar y desarrollo. En caso contrario  llegaremos al fondo del abismo.
Debemos acabar con las quimeras, las falacias, las falsedades y las argucias de quienes se han convertido en las vacas sagradas del sistema político venezolano, los notables y esclarecidos bienhechores de nuestra nacionalidad, quienes poco a poco como los arlequines luego del festivo carnaval comienzan a quitarse la máscara y dejan ver su rostro sombrío, lúgubre, tétrico, taciturno, huraño, amargado, rencoroso, demostrando una vez más su incapacidad para gobernar, para esbozar y diseñar un programa de gobierno basado en principios éticos y morales, que permita a los jóvenes recuperar la confianza y esperanza pérdida.
 Nosotros hemos vivido envueltos en un manto de jactancia, soberbia, altivez y arrogancia, es hora de que acojamos la experiencia de quienes enfrentaron problemas similares, aceptemos sus advertencias, escuchemos sus consejos y tratemos de aplicarlos en la solución de nuestros conflictos porque HA LLEGADO EL MOMENTO DE SER SIMPLEMENTE VENEZOLANOS.

Héctor Quintero Montiel

06/04/96

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