Levantarse un domingo tranquilo, lluvioso, que provoca encontrados sentimientos entre permanecer en la cama o cumplir con los compromisos contraídos, toparse con la noticia de que el “patógeno” se encuentra de vuelta en casa, como siempre a oscuras, en la madrugada, cuando los ciudadanos normales descansamos, el trashumante indispuesto se presenta a celebrar un nuevo cumpleaños de ese señor que han denominado El Libertador, al menos esa es la excusa oficial, como siempre sombría, lóbrega, tenebrosa.
De vuelta a la patria ancha y ajena, hoy pertenecemos a los cubanos, chinos, bielorrusos e iraníes, declara por los medios que nos brinda la cibernética que está curado, con dos sesiones de quimioterapia, han desaparecido las células cancerígenas que presuntamente ocasionaron su congoja, su incomodidad. Ello, nos lleva a pensar que en realidad no existió malestar, ni enfermedad alguna que afectara al patógeno.
El personaje se ha burlado de la medicina venezolana, realizada y desempeñada por profesionales probos, con equipos de primera línea, adquiridos con su propio peculio. Para prestar el servicio médico que muchas veces el estado no puede proporcionar. Además se dedican con profuso cariño, afecto y profesionalismo a sus pacientes, para tratar de aminorar los efectos de tan lastimoso flagelo.
Ahora sin embargo se nos quiere vender a Cuba como un centro maravilloso para el tratamiento del carcinoma, con solo dos sesiones de quimioterapia se han desvanecido las células cancerígenas, aquellas que aún desconocemos sí existieron o simplemente se nos timó con su presunta existencia; maravillas de la medicina cubana, la misma que supuestamente se equivocó por impericia, torpeza e ignorancia en su diagnóstico inicial. Para que este hecho no trascendiera a la luz pública no se aceptó el ofrecimiento de la Presidenta de Brasil para ser tratado en el Hospital Sirio Libanés de Sao Paulo. Allí podía terminar la comedia perfectamente urdida por los servicios secretos cubamos, sus autoridades máximas y los estrategas del PSUV para trepar nuevamente en popularidad ante la nación devastada.
Posiblemente, ahora se diseñe una Misión Cáncer en la Isla de la Fantasía, donde nuevamente se llevarán a incautos, como los de la Misión Milagro, que desafortunadamente a pesar de sus enorme deseos de recuperar su visión, simplemente perdieron la escasa que les quedaba y cuyos hechos han sido silenciados por el régimen oprobioso y autocrático.
Algunos que adversan al gobierno hoy se sienten conmovidos por la “”enfermedad” del patógeno, por su calidad humana al permitir el tratamiento de los presos políticos que presentan de verdad síntomas
cancerígenos, pongámonos firmes ante tanto atropello a nuestra dignidad humana, rescatemos la calidad de nuestros médicos oncólogos, quienes con sacrificio, dedicación, profesionalidad y cariño dedican su tiempo a rescatar a esos ciudadanos venezolanos que sufren y luchan de verdad indudable con dicha enfermedad.
Nuestro cariño, nuestro respeto y admiración para quienes son capaces de aligerarles la carga a las familias y al paciente, en especial a alguien muy apreciado, querido y estimado compañero de la Divina, Raúl Vera Gimón, el portu, para él y sus colegas oncólogos nuestro reconocimiento, nuestro apoyo y seguimos creyendo en ellos. Como decía un retirado militar venezolano cuando vea que los pacientes de los centros oncológicos mundiales sean remitidos a Cuba, entonces posiblemente me decidiré a viajar a aquella que llaman la Isla de la Fantasía.
Maracucho
De vuelta a la patria ancha y ajena, hoy pertenecemos a los cubanos, chinos, bielorrusos e iraníes, declara por los medios que nos brinda la cibernética que está curado, con dos sesiones de quimioterapia, han desaparecido las células cancerígenas que presuntamente ocasionaron su congoja, su incomodidad. Ello, nos lleva a pensar que en realidad no existió malestar, ni enfermedad alguna que afectara al patógeno.
El personaje se ha burlado de la medicina venezolana, realizada y desempeñada por profesionales probos, con equipos de primera línea, adquiridos con su propio peculio. Para prestar el servicio médico que muchas veces el estado no puede proporcionar. Además se dedican con profuso cariño, afecto y profesionalismo a sus pacientes, para tratar de aminorar los efectos de tan lastimoso flagelo.
Ahora sin embargo se nos quiere vender a Cuba como un centro maravilloso para el tratamiento del carcinoma, con solo dos sesiones de quimioterapia se han desvanecido las células cancerígenas, aquellas que aún desconocemos sí existieron o simplemente se nos timó con su presunta existencia; maravillas de la medicina cubana, la misma que supuestamente se equivocó por impericia, torpeza e ignorancia en su diagnóstico inicial. Para que este hecho no trascendiera a la luz pública no se aceptó el ofrecimiento de la Presidenta de Brasil para ser tratado en el Hospital Sirio Libanés de Sao Paulo. Allí podía terminar la comedia perfectamente urdida por los servicios secretos cubamos, sus autoridades máximas y los estrategas del PSUV para trepar nuevamente en popularidad ante la nación devastada.
Posiblemente, ahora se diseñe una Misión Cáncer en la Isla de la Fantasía, donde nuevamente se llevarán a incautos, como los de la Misión Milagro, que desafortunadamente a pesar de sus enorme deseos de recuperar su visión, simplemente perdieron la escasa que les quedaba y cuyos hechos han sido silenciados por el régimen oprobioso y autocrático.
Algunos que adversan al gobierno hoy se sienten conmovidos por la “”enfermedad” del patógeno, por su calidad humana al permitir el tratamiento de los presos políticos que presentan de verdad síntomas
cancerígenos, pongámonos firmes ante tanto atropello a nuestra dignidad humana, rescatemos la calidad de nuestros médicos oncólogos, quienes con sacrificio, dedicación, profesionalidad y cariño dedican su tiempo a rescatar a esos ciudadanos venezolanos que sufren y luchan de verdad indudable con dicha enfermedad.
Nuestro cariño, nuestro respeto y admiración para quienes son capaces de aligerarles la carga a las familias y al paciente, en especial a alguien muy apreciado, querido y estimado compañero de la Divina, Raúl Vera Gimón, el portu, para él y sus colegas oncólogos nuestro reconocimiento, nuestro apoyo y seguimos creyendo en ellos. Como decía un retirado militar venezolano cuando vea que los pacientes de los centros oncológicos mundiales sean remitidos a Cuba, entonces posiblemente me decidiré a viajar a aquella que llaman la Isla de la Fantasía.
Maracucho
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