! VENEZUELA,
ENTRE LA MEDIOCRIDAD Y LA MARGINALIDAD ¡
“Uno debe amar este maldito país. Hay que amarlo
para poder tener coraje de hablar mal de él
” .
José Ignacio Cabrujas
Héctor
Quintero Montiel
El
alma criolla se ha fraguado a través de la palabra, un viaje a través del
lenguaje nos permitirá entender lo venezolano y al venezolano. Mariano Picón
Salas, Arturo Uslar Pietri, José Ignacio Cabrujas, Fermín Toro, Juan Vicente
González, Cecilio Acosta, Rufino Blanco Fombona, Enrique Bernardo Nuñez, Mario
Briceño Iragorry son solo algunos de los ensayistas venezolanos que nos han
permitido comprender nuestra historia contemporánea.
Los
venezolanos hemos sido agresivos, groseros, flojos, irresponsables,
imprevisivos, faltos de formación intelectual, elusivos, inconformes,
altaneros, vivos, ambiciosos, angustiados e igualitarios con falta de
aspiraciones a largo plazo lo que ha permitido crecer la impuntualidad, la
inconformidad y el desorden, dejando un país inconcluso. Venezuela ha sido una
representación histriónica, un país que hemos inventado sobre nosotros mismos,
una farsa teatral, como resumía el dramaturgo José Ignacio Cabrujas en La Joda
Criolla.
Venezuela
ha sido el país de las nulidades engreídas, un pobre país rico sumido durante
100 años en guerras y montoneras, un país inconcluso. Nuestra angustia criolla,
como venezolanos, ha sido la de sentirnos pueblo y no individuos, ciudadanos.
De espalda al progreso de nuestro pueblo hemos perdido los mejores años de
nuestra prosperidad económica. Agotaremos el recurso que tenemos y volveremos a
la carencia
Venezuela
no es porque no se ha hecho, pero será algo algún día. Venezuela no ha aclarado
sus propósitos. Los universitarios han sido técnicos desfasados de la vida
nacional. Venezuela ha sido un país de ensayistas y cuentistas. Venezuela es
una inmensa necesidad, cosas sabidas más cosas por saberse. Venezuela no es, se
perdió y llegó a su clímax en la Independencia.
La
dirigencia nacional son masas ignaras. Venezuela no tiene memoria colectiva, al
asumir la memoria colectiva y tener contacto con el pasado, tendremos una mejor
identidad. Existe una falta de tradición y una gran discordia interior. Tenemos
una vocación igualitaria manifestándose en la pérdida del sentido del respeto y
la jerarquía, existe una falta de solemnidad. Venezuela ha sido un mientras
tanto, un por sí acaso, un Hotel de Lujo.
La
prensa nacional publicó en días pasados las estadísticas nacionales sobre la
pobreza crítica nacional, señalando que ella alcanzaba al 80% de nuestra
población, ello representa once millones de habitantes, en su mayoría niños y
adolescentes. Solamente a sotto voce es comentado este problema entre nuestros
líderes, pero nadie se ha atrevido a analizar las auténticas e innegables
causas de nuestra crisis social, moral, ética, cultural, filosófica e
ideológica.
Los
ciudadanos extranjeros que se encuentran en nuestro país desde inicios de los
años setenta gracias a la negligencia y complicidad de nuestras autoridades
migratorias y bajo el ojo cómplice de la clase política venezolana, conforman
gran parte de la marginalidad, la mediocridad y la miseria de nuestra nación.
Muchos países vecinos, en esa época, vivían bajo regímenes dictatoriales y
atravesaban por severas vicisitudes económicas y las clases más paupérrimas de
esos naciones se aposentaron en Venezuela, surgiendo la buhonería.
De
los 20 millones de habitantes probablemente un 30% de ellos sean indocumentados
sin oficio conocido, sin profesión determinada y moradores de alguno de los
barrios montañeros que rodean la otrora sucursal del cielo. Ellos nacieron
dentro de la miseria, la marginalidad y la mediocridad, en ella se criaron, en
ella se formaron y de ella no saldrán a pesar del populismo educacional de
nuestros políticos.
Quienes,
sin sectarismo partidista, únicamente ven las posibilidades de obtener votos en
las elecciones nacionales, regionales o municipales, por ello se han dado a la
tarea de cimentar los barrios, consolidando la pobreza a través de los mercados
de buhoneros, a través del fortalecimiento de los barrios donde se escuchan los
acentos más disímiles de la geografía iberoamericana, incrementando la
criminalidad, la mediocridad, la negligencia, la miseria, entorpeciendo el
desarrollo de Venezuela. En tanto que sus naciones de origen se encuentran en
la senda del desarrollo y el crecimiento económico, la mendicidad de sus países
ha sido trasplantada a nuestra patria mientras los venezolanos retrocedemos
lentamente en el tiempo y el espacio.
La
crisis que atraviesa Venezuela no es económica, ni financiera, son pocas las
naciones que tienen el exagerado volumen de reservas internacionales
recuperadas en corto tiempo. Nuestra rémora es simplemente la falta absoluta de
recursos humanos con sólida formación moral, cívica, ciudadana, familiar, universitaria.
Muchos han pasado por las aulas de colegios, liceos y universidades, son pocos
los que han asimilado las enseñanzas de los salones de clase y el hogar. La
mediocridad ha imperado con el populismo educacional, se han formado ciudadanos
sin empleos ni posibilidades de surgir, porque las líneas de actuación de
nuestro pueblo se debaten entre la mediocridad, la miseria y la marginalidad.
HQM/hqm
11/10/1996
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