martes, 4 de septiembre de 2012

Venezuela, entre la mediocridad y la marginalidad


! VENEZUELA, ENTRE LA MEDIOCRIDAD Y LA MARGINALIDAD ¡ 

“Uno debe amar este maldito país. Hay que amarlo para poder tener coraje de hablar mal de él  ” .
José Ignacio Cabrujas
Héctor Quintero Montiel

 
El alma criolla se ha fraguado a través de la palabra, un viaje a través del lenguaje nos permitirá entender lo venezolano y al venezolano. Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri, José Ignacio Cabrujas, Fermín Toro, Juan Vicente González, Cecilio Acosta, Rufino Blanco Fombona, Enrique Bernardo Nuñez, Mario Briceño Iragorry son solo algunos de los ensayistas venezolanos que nos han permitido comprender nuestra historia contemporánea.

Los venezolanos hemos sido agresivos, groseros, flojos, irresponsables, imprevisivos, faltos de formación intelectual, elusivos, inconformes, altaneros, vivos, ambiciosos, angustiados e igualitarios con falta de aspiraciones a largo plazo lo que ha permitido crecer la impuntualidad, la inconformidad y el desorden, dejando un país inconcluso. Venezuela ha sido una representación histriónica, un país que hemos inventado sobre nosotros mismos, una farsa teatral, como resumía el dramaturgo José Ignacio Cabrujas en La Joda Criolla.

Venezuela ha sido el país de las nulidades engreídas, un pobre país rico sumido durante 100 años en guerras y montoneras, un país inconcluso. Nuestra angustia criolla, como venezolanos, ha sido la de sentirnos pueblo y no individuos, ciudadanos. De espalda al progreso de nuestro pueblo hemos perdido los mejores años de nuestra prosperidad económica. Agotaremos el recurso que tenemos y volveremos a la carencia

Venezuela no es porque no se ha hecho, pero será algo algún día. Venezuela no ha aclarado sus propósitos. Los universitarios han sido técnicos desfasados de la vida nacional. Venezuela ha sido un país de ensayistas y cuentistas. Venezuela es una inmensa necesidad, cosas sabidas más cosas por saberse. Venezuela no es, se perdió y llegó a su clímax en la Independencia.

 Los venezolanos nos debatimos entre la mediocridad y la marginalidad, desconocemos hacia donde inclinar la balanza, pues la injusticia y la inseguridad nos circunscriben impunemente desde los albores de esta falsa democracia surgida en 1958 la marginalidad y la pobreza han crecido sin tregua, han ascendido al poder personas nacidas, formadas y diseñadas dentro de la marginalidad causa primigenia del declinamiento político, cultural, económico y social de nuestra sociedad.

La dirigencia nacional son masas ignaras. Venezuela no tiene memoria colectiva, al asumir la memoria colectiva y tener contacto con el pasado, tendremos una mejor identidad. Existe una falta de tradición y una gran discordia interior. Tenemos una vocación igualitaria manifestándose en la pérdida del sentido del respeto y la jerarquía, existe una falta de solemnidad. Venezuela ha sido un mientras tanto, un por sí acaso, un Hotel de Lujo.

La prensa nacional publicó en días pasados las estadísticas nacionales sobre la pobreza crítica nacional, señalando que ella alcanzaba al 80% de nuestra población, ello representa once millones de habitantes, en su mayoría niños y adolescentes. Solamente a sotto voce es comentado este problema entre nuestros líderes, pero nadie se ha atrevido a analizar las auténticas e innegables causas de nuestra crisis social, moral, ética, cultural, filosófica e ideológica.

Los ciudadanos extranjeros que se encuentran en nuestro país desde inicios de los años setenta gracias a la negligencia y complicidad de nuestras autoridades migratorias y bajo el ojo cómplice de la clase política venezolana, conforman gran parte de la marginalidad, la mediocridad y la miseria de nuestra nación. Muchos países vecinos, en esa época, vivían bajo regímenes dictatoriales y atravesaban por severas vicisitudes económicas y las clases más paupérrimas de esos naciones se aposentaron en Venezuela, surgiendo la buhonería. 

De los 20 millones de habitantes probablemente un 30% de ellos sean indocumentados sin oficio conocido, sin profesión determinada y moradores de alguno de los barrios montañeros que rodean la otrora sucursal del cielo. Ellos nacieron dentro de la miseria, la marginalidad y la mediocridad, en ella se criaron, en ella se formaron y de ella no saldrán a pesar del populismo educacional de nuestros políticos.

Quienes, sin sectarismo partidista, únicamente ven las posibilidades de obtener votos en las elecciones nacionales, regionales o municipales, por ello se han dado a la tarea de cimentar los barrios, consolidando la pobreza a través de los mercados de buhoneros, a través del fortalecimiento de los barrios donde se escuchan los acentos más disímiles de la geografía iberoamericana, incrementando la criminalidad, la mediocridad, la negligencia, la miseria, entorpeciendo el desarrollo de Venezuela. En tanto que sus naciones de origen se encuentran en la senda del desarrollo y el crecimiento económico, la mendicidad de sus países ha sido trasplantada a nuestra patria mientras los venezolanos retrocedemos lentamente en el tiempo y el espacio.

La crisis que atraviesa Venezuela no es económica, ni financiera, son pocas las naciones que tienen el exagerado volumen de reservas internacionales recuperadas en corto tiempo. Nuestra rémora es simplemente la falta absoluta de recursos humanos con sólida formación moral, cívica, ciudadana, familiar, universitaria. Muchos han pasado por las aulas de colegios, liceos y universidades, son pocos los que han asimilado las enseñanzas de los salones de clase y el hogar. La mediocridad ha imperado con el populismo educacional, se han formado ciudadanos sin empleos ni posibilidades de surgir, porque las líneas de actuación de nuestro pueblo se debaten entre la mediocridad, la miseria y la marginalidad.

HQM/hqm
11/10/1996
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario