Al cerrarse la Cota Mil para el disfrute de la ciudadanía, la comunicación entre este y oeste se dificulta, la avenida Libertador es una arteria de desplazamiento rápido, sin embargo se ha convertido en un caos. Varias parcelas anteriormente utilizadas para estacionar los vehículos ahora han comenzado a formar parte de la Misión Vivienda. Sin estudios de suelo, sin estacionamiento, sin conocer sí existen los servicios necesarios para dichas viviendas.
El tráfico se ha congestionado irrespetando el descanso dominical. Las grúas, las cabillas, los sacos de cemento, los ladrillos, el granzón se amontonan a lo largo de la Libertador, provocando grandes colas e interrupciones impidiendo la comunicación vehicular. Se cierran dos canales hacia ambos lados de la ciudad, el tránsito fluye lentamente, la gente desespera, enloquece aún en domingo, cuando se quiere disfrutar del descanso.
Me acerco al grupo de personas que protestan son ellas las que me explican que los terrenos tienen problemas de suelo, que los materiales son de mala calidad, que los alrededores serán tapiados por los vehículos que no podrán estacionar dentro de los edificios. Que las sustancias tóxicas que utilizan para la construcción ocasionan enfermedades pulmonares, respiratorias y afectan los ojos, de adultos y niños.
Han hablado con los responsables de la obra, sin embargo, ellos dicen seguir ordenes superiores, han tratado de conversar con personeros de la Alcaldía del Municipio Libertador, pero no han sido escuchados, por ello han tomado la solución del problema en sus manos han decidido unánimente cerrar y bloquear el desplazamiento por la Libertador. El sonido de las cornetas, el mal humor de los transeúntes y los residentes no deja de manifestarse.
Hoy es domingo, la tranquilidad de la ciudad es alterada, aquellos que queremos visitar a nuestros seres queridos debemos perder nuestro tiempo en una cola infernal, nos alteraremos, discutiremos, nos insultaremos, como buenos venezolanos, pero los edificios, los problemas permanecerán allí, seguirán trabajando los obreros y profesionales encargados de las obras, ellos tienen el apoyo de un gobierno arbitrario que a última hora quiere mostrar ante la ciudadanía su capacidad de realizar viviendas que no han hecho en 14 años. Mañana lunes el caos se verá reflejado en una ciudad que no se caracteriza por su facil desplazamiento. Desesperaremos con los sinsabores del mal rato seguiremos caminando, esperando que las cosas cambien el próximo 7 de octubre.
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