domingo, 11 de septiembre de 2016

Irse o quedarse

La decisión de irse o quedarse es muy personal. No es nada fácil salir del país donde se tiene la familia, propiedades, amigos y recuerdos del tiempo vivido en él. Sin embargo, para los jóvenes es mayor tortura tener que pensar diariamente en el retroceso lento, pero seguro en que vivimos la involución de nuestro país.

La lectura de nuestra historia, la verdadera, no aquella edulcorada por supuestos héroes que no lo fueron, nos demuestra que nuestro país nació al vacío, la guerra civil que vivió el país y que hemos denominado como guerra de independencia no fue tal, que se iniciaron las escaramuzas por problemas que hoy nos suenan cercanos, el contrabando y la corrupción, los cuales no han desaparecido de nuestro acontecer cotidiano.

Anteriormente teníamos una población sencilla pero amable, no existía esa saña que hoy persigue a la población asesinando, matando y atracando gente diariamente, pero hasta eso hemos perdido. La corrupción y la inseguridad tienen años azotando al país. Desafortunadamente, hemos sido inconscientes e irresponsables ante los acontecimientos que hemos vivido, no hemos querido ver la realidad, nuestra cruda realidad.

Hemos creado mitos, la valentía del venezolano, las grandes batallas libradas y no hemos pensado que en esa época Venezuela era un país muy pobre que había sido devastado por las guerras civiles, donde no se había cultivado, ni sembrado, ni cosechado durante mucho tiempo, donde se pasaba hambre, donde la miseria y la ignorancia convivían con la mayoría de la población.

Siempre hemos tenido la manía de país rico, sin serlo. El desarrollo lo hemos visto como el provecho personal en una serie de cosas, pero no en su conjunto como país, nación que nos atañe a todos.

Mayormente hemos vivido en dictadura, bajo la bota del tirano militar que ha sacado provecho de los negocios del Estado. Lo negamos, pero siempre ha sido así, la soldadesca la hemos visto como nuestra panacea celestial aunque siempre hemos salido con las tablas en la cabeza son corruptos, cómplices de la ratería y pillería al tesoro nacional, ahora narcotraficantes, mecenas y protectores de la guerrilla, encubren a la delincuencia y atracan al ciudadano expoliando sus propiedades y las riquezas del subsuelo.

Tenemos un país derruido, sin rumbo fijo cual veleta en un vendaval. No tenemos claro los objetivos y propósitos que debemos alcanzar para obtener una mejor calidad de vida. Debemos ser sinceros, olvidarnos de nuestra hipocresía, egoísmo y viveza criolla que no nos ha conducido a nada. Debemos prepararnos, desacelerarnos, la prisa nos ha conducido al despeñadero en que nos encontramos.

Olvidémonos de ese Mesías que siempre hemos buscado para que nos solucione nuestros problemas, afrontémoslos con seriedad, transparencia, sin pensar en los beneficios propios, veamos al país como un todo, donde cada uno de sus habitantes hale y arrastren en un mismo sentido, el del beneficio de la sociedad. Cuando demos ese paso iniciaremos nuestra senda hacia el subdesarrollo.  

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